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viernes, 12 de febrero de 2016

Marlene Duarte canta el Salmo 90

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2016


Francisco -

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2016
“Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9,13).
Las obras de misericordia en el camino jubilar

1. María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada
En la Bula de convocación del Jubileo invité a que «la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios» (Misericordiae vultus, 17). Con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa «24 horas para el Señor» quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviaré a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios.

María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.

2. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia
El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos frente a un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempeña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares —como en el caso de Oseas (cf. Os 1-2)— las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo.

Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la «Misericordia encarnada» (Misericordiae vultus, 8). En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: «Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,4-5). El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.
Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (Exh. ap. Evangelii gaudium, 36), el primer anuncio que «siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis» (ibíd., 164). La Misericordia entonces «expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer» (Misericordiae vultus, 21), restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa.

3. Las obras de misericordia
La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo.

Por eso, expresé mi deseo de que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» (ibíd., 15). En el pobre, en efecto, la carne de Cristo «se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga... para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado» (ibíd.). Misterio inaudito y escandaloso la continuación en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Moisés, sólo podemos quitarnos las sandalias (cf. Ex 3,5); más aún cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe.

Ante este amor fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6), el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser este engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa (cf. Lc 16,20-21), y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y este ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demoníaco «seréis como Dios» (Gn 3,5) que es la raíz de todo pecado.

Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos.

La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Precisamente tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los «soberbios», los «poderosos» y los «ricos», de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. Sólo en este amor está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre —engañándose— cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer. Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrahán: «Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen» (Lc 16,29).

Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida.

No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez (cf. Lc 1,48), reconociéndose como la humilde esclava del Señor (cf. Lc 1,38).

Vaticano, 4 de octubre de 2015
Fiesta de San Francisco de Assis

Francisco

miércoles, 6 de enero de 2016

Tears In Heaven - Eric Clapton (leccion de guitarra completa)

A Classical and Jazz Approach To Gospel Piano

4 Formas de usar la mano izquierda para tocar piano gospel

Trabajadores del tiempo de la misericordia

La belleza de este Evangelio comienza diciendo que Jesús recorría todas las ciudades y poblados, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio y curando todo tipo de enfermedad. Todo esto sucede después de que Jesús revelara que el Espíritu Santo estaba en Él.

Aquel pueblo se admiraba y se llenaba de fe por todo lo que Jesús hacía. El Evangelio continúa diciendo que Jesús, viendo la multitud, se compadeció de ella. Mis hermanos, la comparación que el evangelista San Mateo hace es muy fuerte. No estamos acostumbrados, hoy en día, a escuchar sobre las ovejas, pero en la época de Jesús era común, porque todo rebaño de ovejas tenía su pastor.

Las ovejas no tienen mucho sentido de dirección, por eso se desvían fácilmente; si hay un pozo o un precipicio caerían con facilidad. Por esta razón, necesitan de un pastor que las cuide, este necesita ser un verdadero veterinario.

Jesús compara aquél pueblo como ovejas que no tienen pastor. Lamentablemente, los fariseos y doctores de la ley no cuidaban del pueblo, al contrario, lo oprimían cada vez más con el exceso de leyes.

La palabra “compadecer” significa “sufrir junto a”, y Jesús sufrió junto a este pueblo que estaba en aquella situación. Jesús se dirige a sus discípulos y les dice: “La mies es grande, pero los trabajadores son pocos” (Mt 9,37).

Monseñor


“Mies” es un término muy lindo, algunas veces se traduce como “cosecha”. Si tienes una plantación y cosechas en el tiempo equivocado se pierde toda la plantación, ¡imagina todo el perjuicio!

¿Qué quiso decir Jesús sobre mies?

Aquella mies estaba por perderse, porque no había trabajadores para recoger la plantación. Todo lo que dice este Evangelio está presente en nuestra época también. Porque, la mies es grande, pero los trabajadores son pocos.

Nosotros tenemos una enorme plantación de hermanos que están perdiéndose en la ignorancia, están en el lodo de tantos vicios, pecados, violencias y Jesús no quiere perderlos, ¡necesitan ser salvados por nosotros!

Hoy se cumple exactamente un año de la Dedicación del Santuario “Padre de la Misericordia”, estamos en el tiempo de la misericordia. El Papa va a decretar en estos días el Año Santo de la Misericordia, donde quiere inspirarnos y mostrarnos que ¡estamos en el tiempo de la misericordia!

¿Qué se nos da en el tiempo de la misericordia?

La misericordia de Dios. Por esta razón, Jesús quiere mostrarnos, en este Evangelio, que nuestra mies es grande y corre un gran riesgo de perderse. Él quiere que pidamos trabajadores para nuestra cosecha.

¡Este trabajador de Jesús eres tú! Son nuestros hijos que se están perdiendo y tú eres llamado por Dios para salvar a estas personas y no dejar que se pierdan. Tal vez piensas que estas personas son “cabezas duras” y que no te escuchan. Sin embargo, vale la pena insistir, si no lo logras, reza sin cesar. ¡Maten tu corazón en Dios pidiendo por ellas, suplicando!

Acerca a tus seres queridos de regreso a Dios. Es la fe de un ansioso, de un necesitado, que este grito salga de tu espíritu. Desea ser vehículo de salvación para los tuyos, ellos necesitan y no pueden perderse.

¿Cuáles son las ovejas perdidas de tu casa?

Entre los tuyos, los que están cerca de ti, existen muchas “ovejas negras”, pero estas no pueden perderse, es el momento de que sean salvadas. Haz lo que Jesús mandó a hacer, manos a la obra, no pierdas ni uno de los tuyos.

“Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen los demonios” (Mt 10,8).

El lema de nuestro Campamento es “Celebrar las victorias, porque eterna es su Misericordia”. El Señor quiere que celebremos muchas victorias, por que eterna es su misericordia. ¡Recemos, hagamos lo que nos corresponde y el Señor realizará la obra!

 Monseñor Jonas Abib

El Señor prefiere la Misericordia

El Señor superará tu culpa, El te perdonará de nuevo. Serás lavado en la sangre de Jesús y saldrás de este Hosanna como un hombre nuevo, como mujer nueva. Si hoy estás caído el Señor te levantará y aunque estés en las tinieblas, hoy el Señor hará brillar una luz en ti.
Mucha gente aún hoy, no sabe lo que es pecado. Pecado es básicamente no confiar en Dios, es negar a Dios y vivir por nuestra propia cuenta. El pecado causa mas daño al hombre que a Dios, por eso, El no quiere que peques, porque El te ama mucho.
Si Dios no tuviese misericordia y no te libera del pecado no importa lo que hagas, no podrás ser feliz, no podrás ser una persona realizada. Cuando no buscamos a Dios nos volvemos débiles y somos derrotados por las cosas más banales.
El enemigo y la tentación trabajan diciendo que nosotros no nos levantaremos. La misión del demonio es no permitir que te levantes, pero hoy Dios te va a colocar de pie y te dará su perdón. Los momentos más tristes que pasaste fueron cuando dudaste de que Dios estaba contigo, cuando no creíste en la vida.
Cuando una persona sufre del estomago, ninguna comida le hace bien.  Quien tiene el corazón sufriendo, nada en la vida le sirve. Tal vez esa persona soy yo, o tú.
Todas las veces que abandonamos al Señor, la tentación nos pone tristezas, heridas, nos va deprimiendo por los motivos más tontos, nos engaña, nos hace pensar que podemos hacer el mal para lograr la felicidad.
La persona se comienza a perder, a malograrse, a creer en las propuestas fáciles que este mundo le presenta. Comienza a vivir una vida indecente, inmoral, promueve eso como si fuese un valor. El mundo volvió fácil vivir todo tipo de desorden.
¿Ya viste alguna cosa en la vida que realmente tenga valor y sea fácil? ¿Las cosas más preciosas que tienes en la vida, fueron fáciles de conquistar? Si queremos que nuestras familias estén bien, tenemos que luchar por ellas.
La persona se pierde cuando no reconoce que Dios es la gran oportunidad que  tiene, que Dios es misericordia, perdón. Mi cura, mi fuerza, mi liberación depende de cuan abierto estoy a acoger la misericordia de Dios que es Jesús. Nuestro futuro y felicidad dependen de nuestro encuentro personal con Jesús.
Jesús te trajo aquí porque quiere usar de misericordia contigo. Él viene a levantarte de tus caídas cuando te estas sintiendo cansado, derrotado, por que Él es misericordia.
Dios ama al pecador y justamente porque lo ama, Él no deja a la persona de la forma en la que está. Él es misericordioso con nosotros aún cuando estamos errando. Quien necesita de misericordia es quien pecó, quien se equivocó y no el que es correcto. Dios va a derramar sobre ti un río de misericordia.
El Señor ya está usando misericordia contigo, entonces ten misericordia con quien cometió algún error contigo. Estoy seguro de que alguien, queriendo o no, te hirió. Pero nosotros somos de Dios, y porque El nos perdona sin que lo merezcamos, también debo ser misericordioso.
La señal de que una persona comenzó a vencer es cuando ella para de lamentarse por sus caídas y da gloria a Dios por haberse perdido, porque por eso, fue alcanzada por la gracia de Dios. El Espíritu Santo entra en tu corazón e inmediatamente nace una nueva persona.
Marcio

Una persona solo es capaz de dar gracias a Dios por sus errores cuando pasa sobre su vida la luz de la misericordia. Presenta a Dios las heridas que estaban olvidadas dentro de tu corazón. Si quieres, recibirás de Jesús una vida nueva.
Alguna vez te sentiste solo dentro de tu propia casa, en tu propia familia? Tenemos que usar la misericordia, no podemos vivir para condenar a los otros. Pon lo que está en tu corazón, en las manos de Jesús, aunque sea odio, heridas, cosas mundanas, porque el Señor vendrá a transformar esas desgracias en gracias. Jesús hace brotar bien de donde nadie podía imaginar.
Tal vez en tu casa, eras aquella persona a quien todo el mundo miraba y no daba ni un centavo pero Dios te quiso a ti, y de donde nadie esperaba, Dios hará brotar un gran milagro.
Serás en tu vida el milagro que tu familia está necesitando. No te puedes olvidar de que Dios te cogió de la nada para transformarte. El solo puede transformar lo que le ofrecemos. Muchas veces parece que nada cambia en nosotros, pues no tenemos la valentía de entrarle a Dios nuestro lado oscuro, pecador en las manos de Dios.
Deja que la gracia de Dios invada todas las áreas de desgracia en tu vida. Deja que Jesús toque tu corazón porque El ve tu vida y porque El te ama, El le da una orden al diablo que no cante victoria porque El te va a levantar.
Cuando el enemigo te ve soñando siente odio de ti, porque el tiene envidia de ti. Es una pena cuando la persona pierde su capacidad de soñar y Dios ya no puede contar con ella. Con la gracia de Dios vamos a hacer que el año 2016 sea un año mucho mejor. Cuando pones tus sueños, tus aspiraciones en las manos de Dios, El transforma tus sueños y aspiraciones en gracia.
La única cosa fácil que existe es que te pierdas, que te caigas en el pozo pero hoy en este día, Jesús está callando la boca del enemigo. El Señor te está rescatando, está diciendo que vino para salvarte, para que tengas vida y vida en abundancia, para recuperarte y darte una vida nueva, transformar todo lo que estás viviendo hoy.

Marcio Mendes_Cancao Nova

martes, 29 de diciembre de 2015

Bandas catolicas del Brasil!

La Banda "Conexa " de la comunidad Cancao Nova canta "Motivo Real"

Himno Oficial del Año de la Misericordia

Descargar Partitura (score)




Gracias 2015, Gracias Señor!!!


Un día de balance. Nuestro tiempo es breve. Es parte muy importante de la herencia recibida de Dios.
– Actos de contrición por nuestros errores y pecados cometidos en este año que termina. Acciones de gracias por los muchos beneficios recibidos.
– Propósitos para el año que comienza.

I. Hoy, es un buen momento para hacer balance del año que ha pasado y propósitos para el que comienza. Buena oportunidad para pedir perdón por lo que no hicimos, por el amor que faltó; buena ocasión para dar gracias por todos los beneficios del Señor. La Iglesia nos recuerda que somos peregrinos. Ella misma está presente en el mundo y, sin embargo, es peregrina (1). Se dirige hacia su Señor peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Diosƒy (2).

Nuestra vida es también un camino lleno de tribulaciones y de consuelos de Dios. Tenemos una vida en el tiempo, en la cual nos encontramos ahora, y otra más allá del tiempo, en la eternidad, hacia la cual se dirige nuestra peregrinación. El tiempo de cada uno es una parte importante de la herencia recibida de Dios; es la distancia que nos separa de ese momento en el que nos presentaremos ante nuestro Señor con las manos llenas o vacías. Sólo ahora, aquí, en esta vida, podemos merecer para la otra. En realidad, cada día nuestro es un tiempo que Dios nos regala para llenarlo de amor a Él, de caridad con quienes nos rodean, de trabajo bien hecho, de ejercitar las virtudes…, de obras agradables a los ojos de Dios. Ahora es el momento de hacer el tesoro que no envejece. Este es, para cada uno, el tiempo propicio, éste es el día de la salud (3). Pasado este tiempo, ya no habrá otro.

El tiempo del que cada uno de nosotros dispone es corto, pero suficiente para decirle a Dios que le amamos y para dejar terminada la obra que el Señor nos haya encargado a cada uno. Por eso nos advierte San Pablo: andad con prudencia, no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo (4), pues pronto viene la noche, cuando ya nadie puede trabajar (5). Verdaderamente es corto nuestro tiempo para amar, para dar, para desagraviar. No es justo, por tanto, que lo malgastemos, ni que tiremos ese tesoro irresponsablemente por la ventana: no podemos desbaratar esta etapa del mundo que Dios confía a cada uno(6).

 tierra y la insignificancia que tienen las cosas en sí mismas, dice: pasa la sombra de este mundo (7). Esta vida, en comparación de la que nos espera, es como su sombra.

La brevedad del tiempo es una llamada continua a sacarle el máximo rendimiento de cara a Dios. Hoy, en nuestra oración, podríamos preguntarnos si Dios está contento con la forma en que hemos vivido el año que ha pasado. Si ha sido bien aprovechado o, por el contrario, ha sido un año de ocasiones perdidas en el trabajo, en el apostolado, en la vida de familia; si hemos abandonado con frecuencia la Cruz, porque nos hemos quejado con facilidad al encontrarnos con la contradicción y con lo inesperado.

Cada año que pasa es una llamada para santificar nuestra vida ordinaria y un aviso de que estamos un poco más cerca del momento definitivo con Dios.

No nos cansemos de hacer el bien, que a su tiempo cosecharemos, si no desfallecemos. Por consiguiente, mientras hay tiempo hagamos el bien a todos (8).

II. Al hacer examen es fácil que encontremos, en este año que termina, omisiones en la caridad, escasa laboriosidad en el trabajo profesional, mediocridad espiritual aceptada, poca limosna, egoísmo, vanidad, faltas de mortificación en las comidas, gracias del Espíritu Santo no correspondidas, intemperancia, mal humor, mal carácter, distracciones más o menos voluntarias en nuestras prácticas de piedad… Son innumerables los motivos para terminar el año pidiendo perdón al Señor, haciendo actos de contrición y de desagravio. Miramos cada uno de los días del año y cada día hemos de pedir perdón, porque cada día hemos ofendido (9). Ni un solo día se escapa a esta realidad: han sido muchas nuestras faltas y nuestros errores. Sin embargo, son incomparablemente mayores los motivos de agradecimiento, en lo humano y en lo sobrenatural. Son incontables las mociones del Espíritu Santo, las gracias recibidas en el sacramento de la Penitencia y en la Comunión eucarística, los cuidados de nuestro Angel Custodio, los méritos alcanzados al ofrecer nuestro trabajo o nuestro dolor por los demás, las numerosas ayudas que de otros hemos recibido. No importa que de esta realidad sólo percibamos ahora una parte muy pequeña. Demos gracias a Dios por todos los beneficios recibidos durante el año.

Es menester sacar fuerzas de nuevo para servir y procurar no ser ingratos, porque con esa condición las da el Señor; que si no usamos bien del tesoro y del gran estado en que nos pone, nos lo tornará a tomar y nos quedaremos muy más pobres, y dará Su Majestad las joyas a quien luzca y aproveche con ellas a sí y a los otros. Pues, cómo aprovechará y gastará con largueza el que no entiende que está rico? Es imposible, conforme a nuestra naturaleza, a mi parecer, tener ánimo para cosas grandes quien no entiende está favorecido de Dios; porque somos tan miserables y tan inclinados a cosas de tierra, que mal podrá aborrecer todo lo de acá de hecho con gran desasimiento, quien no entiende tiene alguna prenda de lo de allá (10).

Terminar el año pidiendo perdón por tantas faltas de correspondencia a la gracia, por tantas veces como Jesús se puso a nuestro lado y no hicimos nada por verle y le dejamos pasar; a la vez, terminar el año agradeciendo al Señor la gran misericordia que ha tenido con nosotros y los innumerables beneficios, muchos de ellos desconocidos por nosotros mismos, que nos ha dado el Señor.

Y junto a la contrición y el agradecimiento, el propósito de amar a Dios y de luchar por adquirir las virtudes y desarraigar nuestros defectos, como si fuera el último año que el Señor nos concede.
III. En estos últimos días del año que termina y en los comienzos del que empieza nos desearemos unos a otros que tengamos un buen año. Al portero, a la farmacéutica, a los vecinos…, les diremos Feliz año nuevo! o algo semejante. Un número parecido de personas nos desearán a nosotros lo mismo, y les daremos las gracias.

Pero, qué es lo que entienden muchas gentes por un año bueno, un año lleno de felicidad, etcétera? Es, a no dudarlo, que no sufráis en este año ninguna enfermedad, ninguna pena, ninguna contrariedad, ninguna preocupación, sino al contrario, que todo os sonría y os sea propicio, que ganéis bastante dinero y que el recaudador no os reclame demasiado, que los salarios se vean incrementados y el precio de los artículos disminuya, que la radio os comunique cada mañana buenas noticias. En pocas palabras, que no experimentéis ningún contratiempo(11).

Es bueno desear estos bienes humanos para nosotros y para los demás, si no nos separan de nuestro fin último. El año nuevo nos traerá, en proporciones desconocidas, alegrías y contrariedades. Un año bueno, para un cristiano, es aquel en el que unas y otras nos han servido para amar un poco más a Dios. Un año bueno para un cristiano no es aquel que viene cargado, en el supuesto de que fuera posible, de una felicidad natural al margen de Dios. Un año bueno es aquel en el que hemos servido mejor a Dios y a los demás, aunque en el plano humano haya sido un completo desastre. Puede ser, por ejemplo, un buen año aquel en el que apareció la grave enfermedad, tantos años latente y desconocida, si supimos santificarnos con ella y santificar a quienes estaban a nuestro alrededor.

Cualquier año puede ser el mejor año si aprovechamos las gracias que Dios nos tiene reservadas y que pueden convertir en bien la mayor de las desgracias. Para este año que comienza Dios nos ha preparado todas las ayudas que necesitamos para que sea un buen año. No desperdiciemos ni un solo día. Y cuando llegue la caída, el error o el desánimo, recomenzar enseguida. En muchas ocasiones, a través del sacramento de la Penitencia.

Que tengamos todos un buen año! Que podamos presentarnos delante del Señor, una vez concluido, con las manos llenas de horas de trabajo ofrecidas a Dios, apostolado con nuestros amigos, incontables muestras de caridad con quienes nos rodean, muchos pequeños vencimientos, encuentros irrepetibles en la Comunión…

Hagamos el propósito de convertir las derrotas en victorias, acudiendo al Señor y recomenzando de nuevo.

Pidamos a la Virgen la gracia de vivir este año que comienza luchando como si fuera el último que el Señor nos concede.

Tu amigo y hermano
Cristhian Barrios

Algunas fotos para compartir del 2015!!!!